El periodismo cambia acorde a la sociedad. Algunos medios se adaptan, mientras otros sufren severas consecuencias. Así es el caso de los diarios impresos, un medio tradicional que durante los últimos años lucha para mantenerse vigente. Sin embargo, a pesar del esfuerzo no logra retomar la fuerza que lo caracterizó décadas atrás. Hablamos con tres experimentados periodistas que han hecho gran parte de su vida profesional en diarios: Sonnia Mendoza, Patricio Gómez e Isabel Plaza.
Por: Ignacio Arteaga y Luis Cuevas
Imagen creada con IA de Canva
Comienza un lunes más en el Gran Concepción. Como de costumbre, el reconocido quiosquero José Espinoza tiene la misión de ir a buscar los diarios a la distribuidora ubicada en Angol #547. En los tiempos de reporteo de la reconocida periodista Sonnia Mendoza, José volvía con 100 diarios entre sus brazos. No alcanzaba ni a colgarlos en su vitrina y como pan caliente ya se habían vendido todos.
Hoy el panorama es distinto. Se dirige en modo automático al mismo lugar de siempre, sin preocupaciones por la competencia, pues ya no existe. Ya no trae grandes cantidades de diarios, más bien, esta vez regresa con los brazos aliviados porque solo trae tres ejemplares. Entre miradas cabizbajas de los peatones que no se despegan del celular, su quiosco ubicado en Barros Arana con Ongolmo pasa desapercibido, al igual que los tres diarios que cuelgan a la espera de un lector. Hay días en que ese lector no aparece. “No los devuelvo, prefiero juntarlos para venderlos por kilo”, explica el quiosquero.
“Antes los diarios traían la exclusiva, hoy la información está en todos lados”, señala el quiosquero con voz nostálgica.
Sin embargo, existe un trasfondo más complejo. El diario se caracterizaba por ser el medio tradicional más fiable debido a su profundización en la noticia. Sonnia Mendoza comenta que se instalaba horas eternas en puntos estratégicos para obtener la respuesta oportuna para cubrir las páginas de la sección de tribunales de “Las Últimas Noticias”. Tras un reporteo exitoso volvía a la sala de redacción. Lugar en que el humo del cigarro y el olor a café se mezclaban con el inconfundible sonido de la máquina de escribir. Cigarro y café eran la combinación perfecta para que los periodistas, bajo la presión del tiempo y del editor, se luzcan con impecables escritos para retratar un Chile en dictadura.
“Colegas que estaban presentes en la contingencia eran pocos, sin embargo, en los lugares físicos de los diarios entre periodistas y gráficos trabajaban hasta 100 personas”, recuerda Sonnia Mendoza. Espacios que se extrañan porque no hay como una reunión de pauta en persona con la presión del editor y la necesidad de estar al día con la novedad. Definitivamente la tecnología se robó el protagonismo. “El consumo del diario es muy pequeño, ya nadie compra. Porque lamentablemente los medios digitales rompieron el esquema, ya no se paga por información”. afirma el ex corresponsal de El Mercurio, Patricio Gómez.
Actualmente, los diarios no cuentan con un espacio físico. La pandemia aceleró un proceso que en unos años más era inevitable. Isabel Plaza, directora del Diario el Sur afirma que existen dos factores que irrumpieron en la modalidad de trabajo de los diarios. “La tecnología digital y la pandemia son los elementos que cambiaron todo el sistema de reporteo”.
Sin embargo, el quiosquero explica que, “la decadencia venía de antes. Ahora la gente tomó la pandemia como excusa. Pero no es tan así, las ventas venían en picada desde el 2018. Ahí comenzaron a bajar considerablemente”. El periodista Patricio Gómez concuerda: “Hasta el 2010 el diario funcionaba de buena manera. Desde el 2016 comenzó la debacle y ya el factor pandemia sepultó el diario. Nació la digitalización y las encuestas apuntaron a que la gente no quería pagar por informarse. Pero si pagan por Netflix…”
A pesar de ciertas disyuntivas, los cuatro entrevistados comparten la visión de que la tecnología marcó un antes y un después para los diarios. La instantaneidad es un concepto que vino en reemplazo del golpe noticioso. Ya no importa quién tenga la mejor nota, sino quién publica primero. A raíz de esto, el periódico tomó otro rol, ya que ahora “el diario requiere un trabajo más pausado. No reaccionamos de inmediato, así que no corremos el riesgo de que algo cambie después. Vamos con más seguridad y con más explicaciones. Lo que se espera del diario, y me lo dicen mucho, es que si hay algo que no entendí hoy, lo quiero entender mañana cuando lea el diario”, asegura la directora de “El Sur”.
Pero competir con el internet no es fácil. Estos experimentados periodistas concuerdan que las nuevas generaciones ya no leen. El estudio, Informe 2024: Consumo de noticias y evaluación del periodismo en Chile, señala que “Las redes sociales son las plataformas más utilizadas por las audiencias en Chile para informarse, seguidas por los medios online. Un 36% consume noticias todos los días a través de las redes sociales y un 28% lo hace en medios online. La prensa impresa, en cambio, es la que el público chileno declara utilizar menos para estos fines: un 37,7% reporta nunca consumir noticias a través de ella”.
Estos comunicadores locales, en su etapa de docentes de periodismo en distintas universidades de la región evidenciaron este drástico cambio. Poco a poco las generaciones van perdiendo el interés por el histórico medio informativo. “Los jóvenes leen cinco líneas y creen que ya están informados. No profundizan en la noticia”, explica Isabel Plaza.
Una bola de nieve que incluye varios factores como la tecnología, la pandemia y el impacto generacional hicieron que el diario ya no sea el estandarte periodístico de décadas atrás. Motivo por el que la publicidad también migró de canal. Actualmente, la publicidad digital concentra el 53,5% mientras que la publicidad en los diarios tan solo el 2,6%. Una brecha significativa que refleja lo poco rentable que es el medio debido a su escasa compra. “Los diarios antes les pagaban los avisajes, lo que nosotros vendíamos era pura utilidad para ellos. Nosotros los hacíamos circular en la calle y eso significaba que las empresas aumentaban el valor de los avisajes”, asegura José Espinoza.
No obstante, Isabel Plaza asegura que el cambio en los diarios no es tan brusco como se piensa. Desde su perspectiva los diarios se adecuaron a las exigencias de una sociedad ultra cibernética, y que se mantiene en base a las suscripciones. “Creo que todavía hay una sobrerreacción de creer que las cosas terminan, cuando no se terminan. Cambian acorde a la sociedad. Y es normal, porque si el periodismo no se adapta a la sociedad, muere”, dice la directora de “El Sur”.
A pesar de este rayo de esperanza que proyecta Isabel, Sonnia y Patricio siguen nostálgicos por la desaparición de este medio en formato físico. Conversan mientras beben café como en los viejos tiempos, mientras recuerdan las mejores anécdotas como colegas. Dicen que las suelas de sus zapatos no duraban mucho gracias al reporteo en calle. La digitalización del medio es un hecho, pero no asegura que pueda posicionarse nuevamente en el panorama digital que vivimos actualmente.
Al parecer, todo queda en la memoria. Un ciclo que comienza a llegar a su fin. El cual partía con Sonnia, Patricio o Isabel y concluía con José, quién durante su vida probablemente vendió más diarios de los que puede imaginar. Pero, que hoy la evolución de la sociedad hacia la digitalización también lo golpea de frente. Aguanta como puede el cambio. La venta de diarios ya no es la misma y su avanzada edad no le permite seguir con el rubro de suplementero, por lo que ahora está vendiendo su quiosco. “Voy a vender el quiosco, porque ya no vale la pena. No es tan rentable como antes”, afirma José.
“El internet le quitó todo (al periódico impreso). Pero tampoco vi una reacción por parte de los diarios. Siguieron igual”, sentencia el suplementero.
Un sistema que llega a su fin para iniciar otro, así lo admite Patricio Gómez: “Existe una nueva modalidad, que es ver una información sin costo. Por razones económicas la gente no paga. Sin embargo, tenemos un nuevo problema…las fake news”. Mientras Sonnia revuelve su café y entre suspiros de agradecimiento al medio que le permitió vivir con tranquilidad concluye sobre esta paulatina desaparición que “da nostalgia porque era una fuente importante de trabajo tanto para mí como para los colegas. También, para los alumnos que uno fue formando. A pesar de que los sueldos eran bajísimos, había una oportunidad de trabajo. Una se entregaba con cuerpo y alma. Pero, lamentablemente así son las cosas y frente a eso una no tiene nada que hacer”.