Las Galaxias: la carrera infinita del transporte penquista

Velocidad excesiva, pasajeros apelotonados, paradas repletas, quejas y denuncias, un servicio insuficiente, estudiantes y adultos mayores sin apoyo y escasez de buses nocturnos. Estas son solo algunas de las falencias del transporte público en el Gran Concepción. Pero en medio de todo esto, hay una micro que destaca por su velocidad. Súbase bajo su propio riesgo. 

 

Por Marina Peñaloza y Lester Molina

Imagen: ChatGPT

 

Son las 7:45 de la mañana en el Gran Concepción. Una de las legendarias micros de la línea 80 ruge por la avenida Paicaví, esquivando autos, zigzagueando como si se tratara de un personaje de GTA. Las ventanas mal cerradas dejan entrar el frío y, adentro, los pasajeros se aferran a los pasamanos mientras el bus avanza con su vaivén. Curva y todos los pasajeros para un lado, otra curva y los pasajeros se van para el otro. “Este anda echando carrera”, murmura un señor ya mayor, apretando su mano en el pasamanos del asiento de adelante. Ese pasamanos se convierte en el único agarre contra la fuerza centrífuga. “Tenemos diez minutos para atravesar toda la avenida Paicaví y doblar en O´Higgins”, dice Manuel, chofer de la línea 80, admirado y odiado por los pasajeros a partes iguales.

Otro día, mismo recorrido, diferente conductor. Desde Talcahuano hasta el centro de Concepción, el bus se llena en minutos. Cada parada es una pequeña batalla entre el chofer y los nuevos pasajeros que suben, bajo su mirada de fastidio. Cada bocinazo en la calle es como un recordatorio: esta no es una micro cualquiera; es una carrera, una lucha contra el reloj, y los conductores de “Las Galaxias” no piensan perder. “Siempre van rajaos”, comenta un joven estudiante de pie, “hay que sujetarse fuerte o si no salimos volando”.

Existe un pensamiento colectivo entre los penquistas: “Los choferes son como las we…”. Quizás esté justificado o tal vez no. La mayoría trabaja sin contrato, horas más extensas de lo normal (acá no llega la ley de las 40 horas), sin vacaciones, y además tienen que soportar a los mismos penquistas (somos tontos, no pesados). Es fácil notar ciertas coincidencias entre los micreros: la poca paciencia, las maniobras arriesgadas al volante, y esos 20 pesos que, a veces, se niegan a devolver a los estudiantes. 

Pero, más allá de la carrera diaria, lo que en verdad indigna a los pasajeros es la falta de buses en horas críticas. A las 21:30 horas esta megaciudad, con un millón de habitantes sumando todas sus comunas, sigue en movimiento, pero el sistema de transporte se desvanece. Para los trabajadores del comercio y los estudiantes nocturnos, volver a casa se convierte en una misión imposible. “A esa hora ya no hay micros, y las pocas que pasan van llenas. Te dejan tirado, esperando en el paradero”, comenta un joven en la parada frente a la Universidad Católica de Concepción, resignado. En estos lugares se escucha la misma frase: “No pasa nunca, tomo cualquiera que pase nomás”.

 

Se necesitan más micros, un horario de recorrido más extenso, mejor calidad de las máquinas y muchos etcéteras más. Todos coinciden en que el sistema de locomoción colectiva tiene que cambiar. Pero según los choferes, se les exige mucho, mientras que la consideración con su pega es muy poca. Son la cara visible de un sistema que funciona por inercia. “Antes eran la medianoche y había gente en las calles, y Las Galaxias trabajaban hasta tarde y todos llegaban a sus casas en locomoción”, recuerda Carolina Viveros, chofer de la línea.

 

“Ha habido un cambio social y cultural. Hay más delincuencia, problemas de drogas, más peligro, por lo que todos se guardan temprano en sus casas. Las personas que andan trabajando  y tienen que regresar tarde en las noches, son los que sienten esta falta de locomoción. Comparan lo que era antes a lo que es ahora, por lo que efectivamente hay una mala calificación respecto a eso”, comenta Viveros.

 

“Las Galaxias” son un reflejo del estado de la locomoción colectiva en el gran Concepción: rápida pero insuficiente, necesaria pero peligrosa. Un sistema que parece sobrepasado por las demandas de una ciudad que no deja de moverse.